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domingo, 28 de enero de 2018

VIII MARCHA MISIONERA


De nuevo hemos caminado a Ivanrey para celebrar el día de la Infancia Misionera. Es el octavo año que celebramos esta marcha en la que los más pequeños se convierten en protagonistas. 
Gracias a todos los que habéis compartido esta jornada con nosotros, gracias a los padres y a los catequistas que habéis acudido acompañando a los niños, con vuestra presencia demostráis que es posible transmitir la fe, gracias a nuestro obispo don Raúl por su apoyo un año más, gracias a la parroquia por su acogida y sobre todo, gracias a vosotros PEQUEÑOS MISIONEROS por enseñarnos la importancia de la alegría en toda misión.
También saludamos a todos los misioneros que trabajan por la infancia y por acercar el Evangelio a otros niños para que puedan ser amigos de Jesús.

¡¡FELIZ DÍA DE LA INFANCIA MISIONERA!!




lunes, 22 de enero de 2018

Entrega de diplomas del Concurso de Cómics.



El pasado domingo 21 de enero, tuvo lugar la entrega de diplomas a los participantes del Concurso de Cómics de la Infancia Misionera. En la categoría de 6 a 9 años los finalistas fueron David Mateos Martín, en primer lugar, y en segundo lugar Ángela Hernández Magdalena. En la categoría de 10 a 12 años, Jimena Mielgo Anciones, en primer lugar y en segundo lugar Raquel Mielgo Anciones. 

Los diplomas fueron entregados al finalizar la Eucaristía en la parroquia de El Salvador. Tuvimos el privilegio de contar con la presencia del padre Daniel Mateos, misionero en Ángola. Con su testimonio acercó a la misión a pequeños y mayores. Desde aquí le damos las gracias por su compañía y por su trabajo en tierras africanas.

sábado, 13 de enero de 2018

VIII MARCHA MISIONERA



Este año celebramos junto a los más pequeños la VIII Marcha misionera a Ivanrey.
Esta actividad, característica de la Infancia Misionera, está destinada a todo el mundo. Aunque los protagonistas sean los niños, esperamos que las familias se unan a nosotros, y especialmente animamos a las catequistas a acompañarnos en esta jornada llena de ilusión.
Te atreves?

sábado, 23 de diciembre de 2017

SEMBRANDO ALEGRÍA

El pasado 16 de diciembre nuestros pequeños recorrieron de nuevo las calles de Ciudad Rodrigo para felicitar la Navidad, en nombre de los misioneros, a todos aquellos que se encontraron a su paso. Otra vez más los niños nos ayudan a vivir nuestra fe sin complejos y con alegría. Os damos las gracias a todos los que colaborasteis con vuestra presencia, sobre todo a los padres que dais testimonio de familia cristiana. Os deseamos una feliz Navidad y aprovechamos para solicitar oración para nuestros misioneros. Sin duda ése es el mejor regalo.

¡¡FELIZ NAVIDAD!!



viernes, 15 de diciembre de 2017

SEMBRADORES DE ESTRELLAS





Os esperamos mañana para felicitar la Navidad sembrando las calles de alegría. ¿Te atreves?

sábado, 18 de noviembre de 2017

PEQUEÑOS MISIONEROS

El pasado 21 de octubre nuestros pequeños misioneros, siguiendo el lema del DOMUND, fueron valientes y se lanzaron a la misión por las calles de Ciudad Rodrigo. Con sus sonrisas nos volvieron a demostrar que ciertamente no hay misión pequeña si el amor es grande. Gracias a la colaboración que prestaron durante la mañana con una gran alegría, el DOMUND pudo hacerse presente en la ciudad para recordar que la ayuda a la misión es tarea de todos. GRACIAS PEQUEÑOS!!


VIGILIA DE LA LUZ


El viernes 20 de octubre celebramos la Vigilia de la Luz. Este año tuvimos la suerte de poder contar con el testimonio de varias misioneras: Andrea Alfageme, Raquel Ruiz y Pilar García. Todas ellas han trabajado en Bolivia donde aún permanece Andrea. También Gema Domínguez y Mar Manzano compartieron la experiencia vivida el pasado verano en tierras africanas. Gracias a todas ellas por acercarnos a la misión. Esperamos que la oración siga siendo el apoyo fundamental de quienes entregan su vida en otros continentes.

jueves, 19 de octubre de 2017

HUCHAS DEL DOMUND




El sábado 21 de octubre, a las 12:00 h., desde el patio de las Misioneras de la Providencia nos pondremos en marcha con nuestros pequeños misioneros para colaborar con la campaña del DOMUND. Las huchas, además de recordarnos la necesidad de ayudar a los demás, son también un signo de esperanza que demuestra que aún hay valientes que entregan su vida para anunciar el Evangelio. Os animamos a acompañarnos en esta aventura junto a los niños.

sábado, 7 de octubre de 2017

OCTUBRE MISIONERO

El pasado día 29 de septiembre tuvimos el privilegio de presentar el Octubre misionero arropados por la presencia de Manuel Fraile Calvo (natural de Lumbrales)  misionero salesiano en Timor.
Su testimonio nos sirvió de ejemplo y estímulo para comenzar a caminar en este mes en el que iremos desarrollando diferentes actividades que culminarán el día del DOMUND.
Agradecemos al padre Manuel su disponibilidad para acompañarnos y esperamos que su labor en tierras lejanas siga dando fruto abundante. 



jueves, 4 de mayo de 2017

EMPUJADOS POR EL ESPÍRITU PARA LA MISIÓN

MENSAJE DEL PAPA PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 



Queridos hermanos y hermanas:

En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a “salir de sí mismo”, para escuchar la voz del Señor, y laimportancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.
Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisieracentrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: “La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 21).
Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.
Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros “labios impuros”, haciéndonos idóneos para la misión: “Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame»” (Is 6,7-8).
Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a “pasar” en medio de la gente, como Jesús, “curando y haciendo el bien” a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones,todo cristiano, en virtud de su bautismo, es un “cristóforo”, es decir, “portador de Cristo” para los hermanos(cf. Catequesis, 30-1-2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido “aquí estoy, mándame”. Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24-3-2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).
Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido y enviado...

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

... camina con nosotros...

Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia “liturgia del camino”, que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, “que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

... y hace germinar la semilla

Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.
Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, “lugar” privilegiado del encuentro con Dios.
Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros “deberes que cumplir”, nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.
María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro “aquí estoy” a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.


Francisco
Vaticano, 27 de noviembre de 2016,
Primer Domingo de Adviento