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sábado, 13 de abril de 2013

Misionero en una realidad extraña


De la revista: Antena Misionera. Comentario de este Blog: Muchas veces pensamos que desde nuestra realidad no se puede ser misionero... nada más lejos. Cualquiera que lo pretenda, y se disponga a ello con ilusión, lo será. La Iglesia, pueblo de Dios, es un cuerpo con muchos miembros, y todos ellos funcionan para el bien de los demás. (S. Pablo)

Siempre tuve muy claro que después de un tiempo en un país de misión, debería volver a España para enriquecer la Iglesia española con todo lo que había recibido de la Iglesia del Brasil. Así que después de diez años allá, con toda la riqueza que me ofreció este país en el trabajo de la formación, en el acompañar comunidades de base, como estar con grupos necesitados de justicia social y acompañamiento pastoral (Sin Tierras, Niños de la calle, Grupos minoritarios de indígenas…) y parroquias tanto al sur del Brasil como en el nordeste; cuando los superiores me pidieron volver a España, la verdad es que no puse mucho impedimento, veía normal el que después de este tiempo, yo regresara y otros fueran. 

Tal vez puse la condición de no salir de Monte Santo, un pueblo del interior de Bahía, hasta que el alcalde, que nos hacía la vida imposible y que nos tenía amenazados de muerte, no saliera de la alcaldía, ya que podía aprovechar la salida de uno de los tres misioneros que estábamos allá para echar abajo todo el trabajo de resistencia que la Iglesia estaba llevando adelante contra tantas injusticias que se cometían por él y sus secuaces.


 Ya sentía que la enfermedad estaba comenzando a manifestarse con falta de fuerza en los brazos y piernas, calambres, visión doble… que yo lo achacaba al propio cansancio y stress en que vivíamos diariamente sintiéndonos constantemente amenazados. Así que hasta me pareció que me vendría bien unos años de calma y tranquilidad.

A principios de septiembre de 1995 regresé a España con todo mi bagaje de vivencia misionera y con el entusiasmo de enriquecer y ¿por qué no? de entusiasmar a jóvenes con el “gusanillo de la evangelización”. Y quién sabe, con un poco de suerte, volver a misiones con algún joven “pescado” después de seis años de trabajo de Animación misionera y vocacional. ¡Qué gran decepción! (O que gran frustración, no sé cómo sería mejor).
Sí, que gran decepción porque a los pocos meses de estar trabajando en Zaragoza, comencé a sentir los mismos síntomas de debilidad, dolores, calambres y cansancio que sentía en Brasil.
El médico de cabecera me mandó a un neurólogo. Y éste, mediante un scanner, dictaminó la enfermedad: “Esclerosis Múltiple”.


Me dijo que con un poco de suerte, con el Interferón se podría ralentizar los efectos de esta enfermedad degenerativa, pero que no me iba a curar pues hasta ahora no tiene cura. ¡Ah! y lo de misiones, que me fuera despidiendo; que allá, más que una ayuda, sería una carga. No soy persona de manifestar fácilmente mis momentos de dolor y de sufrimiento, así que con “frente alta y mirada al frente”, como decía mi madre, afronté esos primeros momentos de sufrimiento, rabia e impotencia ante lo que me parecía una injusticia y burla por parte de Dios: “Me sacas de mi familia, me envías a misiones…Y ahora, Jesús, ¿¡Me haces esta faena!? ¡Caray, que tengo 36 años y estoy en lo mejor de mi vida! ¡Por Dios te lo pido, haz algo!”.


Enfrentando la realidad
Me parece que lo que me dio fuerzas en esos momentos fue el recordar la entereza con que mi madre supo afrontar su enfermedad de cáncer; y cómo no se dejó vencer tan fácilmente, resistiendo durante trece años. También nuestro P. Fundador, el Bto. José Allamano fue y sigue siendo mi gran apoyo espiritual, ya que él, siendo frágil de salud, llevó adelante con entusiasmo todo su trabajo pastoral y la fundación de dos institutos misioneros.

Así que, no dispuesto a estar lamentándome de mi situación, y no aceptando ser una carga a mis hermanos de comunidad, empecé con el tratamiento médico, la fisioterapia y la ayuda de una psicóloga. Todo esto sin dejar de llevar mis muletas los tres primeros años y ahora con un bastón. Y llevé adelante mi trabajo de Animación Misionera en Zaragoza yendo por las parroquias, colegios y grupos; después en la formación de los teólogos en Madrid; vuelta de nuevo a Zaragoza colaborando con la Delegación de Misiones; reapertura de una comunidad en Madrid para ir creando un ambiente de acogida para la comunidad de teólogos en especialización, últimamente como superior de la comunidad de la casa regional y actualmente de nuevo en la Animación Misionera en Zaragoza.

Encontrar mi lugar
Cada vez, no lo voy a negar, me siento más débil; tengo más dificultad para hacer las cosas y los dolores y calambres se hacen más persistentes; pero con un poco de voluntad, algún que otro analgésico y la gran ayuda que me da el Señor, ya que parece que Él me quiere unido a su cruz, voy superando los inconvenientes de la enfermedad.

No era ésta la dimensión misionera que yo deseaba…pero si esto es lo que Dios quiere, ¡Bendito sea Dios! Seguiré animando misioneramente con el trabajo que dentro de mi situación, pueda hacer. Eso sí, la oración me ofrece la posibilidad de sentirme misionero de primera evangelización rezando y ofreciéndome a Él por mis hermanos y hermanas misioneros de la Consolata que están en los lugares de frontera o en la animación misionera y vocacional, que no tiene nada de fácil en la actualidad, convencido que mis oraciones le ayudan en su trabajo misionero; ya que como dice S. Pablo a los Corintios: “Todos formamos un cuerpo con diferentes miembros…y cada miembro funciona para el bien de los demás…”.

A mí me tocó esta parte del cuerpo escondida, pero que también hace su labor evangelizadora. ¡Doy gracias a Dios por ello!


01/04/2013